“Monseñor Romero se dejó convertir por los pobres”

«Quisiera recordar las palabras que el entonces cardenal Bergoglio pronunció en la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida (Brasil), en mayo de 2007: ´Si yo fuera Papa, beatificaría a Romero mañana. Pero nunca llegaré a ser Papa´. Y Bergoglio, hoy Papa Francisco, es quien a 35 años de haber sido asesinado, beatifica a Monseñor Oscar Romero un 23 de mayo de 2015 y dice de él ser el ´padre de los pobres´».

Así comienza esta entrevista el padre Hernán Leemrijse, scj., sacerdote del Sagrado Corazón de Jesús, quien llega desde Holanda a Chile en 1967 hasta que, en 1973, tuvo que marcharse a México y regresando nuevamente a nuestro país en 1988. «El Papa Francisco con esta beatificación nos quiere motivar a seguir en la línea de monseñor Romero: ser una Iglesia más cercana a su pueblo, que va cada día más de la mano de los pobres», afirma el padre Leemrijse.

-Usted conoció a monseñor Romero, ¿qué nos puede decir de él?

«Que fue un pastor para su gente, un ideal de obispo que se atrevió a convertirse, que se dedicaba a escuchar y no a imponer. La imagen que tenemos de muchos obispos incluso hoy, es que vienen de arriba hacia abajo y él, monseñor Romero, partió desde abajo hacia arriba, escuchando, animando, haciéndose uno con su pueblo. Fue un obispo que se transformó en la voz de los sin voz».

Monseñor Romero nació el 15 de agosto de 1917, en  la Ciudad Barros, de El Salvador, país al que Gabriela Mistral llamaba “el pulgarcito de América Latina”. A los 25 años fue ordenado sacerdote. En abril de 1970 es nombrado Obispo Auxiliar de San Salvador por el beato Papa Paulo VI. Cabe destacar también que desde 1974 a 1978 fue Director Nacional de Obras Misionales Pontificias en su país natal. Siete años después, fue nombrado Arzobispo de San Salvador, «por su cercanía con la gente que tenía el poder en este tiempo y donde las tierras estaban en manos de 14 familias. Pero, durante su pastoral como arzobispo, monseñor Romero comienza a ver que sus amigos estaban abusando de los campesinos, propinaban sueldos bajos, abusos, y malos tratos», dice el padre Hernán.

-¿Y cuál fue el punto de quiebre?

«Fue prácticamente cuando en todo este proceso varios sacerdotes optaron por estar con la gente formando comunidades de base para que creciera el valor del evangelio y también reinara la justicia social y asesinaron un 12 de marzo de 1977 al padre Rutilio Grande, sacerdote jesuita muy comprometido con los pobresy que era muy amigo de monseñor Romero. Para mí esta realidad fue la que marcó su conversión y le llevó más tarde a leer el evangelio con los ojos de los pobres».

Desde ese momento monseñor Romero congeló su relación con el gobierno y les exigió que buscaran a quien asesinó a este sacerdote. No obtuvo respuesta y poco a poco fueron creciendo las matanzas de campesinos, y de trabajadores que pertenecían a sindicatos profundizándose toda una agitación social muy fuerte.

«Monseñor Romero semana a semana denunciaba todas estas atrocidades en sus famosas homilías donde informaba al pueblo lo que estaba sucediendo hasta que dinamitaron la planta emisora. Posteriormente siguen haciendo estas alocuciones vía teléfono a través de Costa Rica», nos cuenta el padre Hernán.

«En este tiempo yo estaba en México donde fui recibido por el Obispo de Cuernavaca y estuve trabajando allá hasta 1988 y él fue quien nos invitó a visitar las comunidades en América Central, que en ese momento estaban viviendo una profunda agitación social. Viajé durante tres meses en bus hasta Panamá ayudando a fortalecer el trabajo de comunidades de base. Cuando llegué a El Salvador, me alojaron en la casa de los jesuitas y me llevaron a conocer al nuevo arzobispo, monseñor Oscar Romero, era una persona bajita, sencilla y me impresionó en esa oportunidad ver una larga fila de campesinos que estaban esperando conversar con el arzobispo, él era un hombre que quería escuchar a su pueblo y se dejó convertir por su gente», dice el religioso.

Posteriormente asesinaron a muchos sacerdotes de su diócesis, y otros tantos tenían que salir del país, situación que le llevó a decir con fuerza al gobierno: “Los sacerdotes no se tocan”. Su firmeza lo llevó a pronunciar su última homilía donde les dijo “en nombre de Dios y de este sufrido pueblo les pido, les ruego, les ordeno, cesen la represión e instó a los soldados a que no obedecieran las órdenes de sus superiores cuando les mandaran a matar a su gente”. Estas fueron sus palabras condenatorias, tres días después, un 24 de marzo de 1980, lo asesinaron detrás del altar en la capilla del hospital de la Divina Providencia celebrando una Eucaristía. «Ahora que viajé a El Salvador, celebré misa en esa capilla», y la sensación es de alegría, de esperanza para los pobres de hoy”, nos relata el padre Hernán.

Monseñor Romero hizo una opción clara por los pobres, él reconoció que la voz de Dios estaba en los pobres y se hizo uno de ellos, por eso la Iglesia salvadoreña está de fiesta, la Iglesia Latinoamericana, la Iglesia Universal, porque “el Señor concedió a su Iglesia un obispo celoso que, amando a Dios y sirviendo a los hermanos, se convirtió en imagen de Cristo Buen Pastor defendiendo y protegiendo a su rebaño, permaneciendo fiel al Evangelio.Su ministerio se distinguió por una particular atención a los más pobres y marginados. Y en el momento de su muerte, mientras celebraba el Santo Sacrificio del amor y de la reconciliación, recibió la gracia de identificarse plenamente con Aquel que dio la vida por sus ovejas (Papa Francisco).

«Monseñor Romero fue un fiel seguidor del Evangelio lo asesinaron por abrazar la fe y defender con entereza y sin miedo a los pobres, esos pobres que son el rostro de Cristo y que hasta hoy no han olvidado que el arzobispo es uno de ellos», finaliza nuestro entrevistado.

En preparación a la conmemoración del centenario del nacimiento de monseñor Romero, que será para el año 2017, la Iglesia salvadoreña está celebrando una serie de actividades para dar a conocer mejor su pensamiento, espiritualidad y compromiso con los pobres. El primer año de este trienio muestra a Romero como “Hombre de Dios”; el segundo lo está contemplando como “Obispo-hombre de Iglesia”; y el tercero lo presentará como el “Servidor de los pobres”.

 

Padre Hernán Leemrijse, scj.

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