Chile Misionero, 40 años al servicio de la misión

La celebración de los 40 años de vida de una revista en los tiempos de hoy, es todo un acontecimiento, más aún cuando se trata de una revista misionera, como lo es “Chile Misionero”. Su primer número salió en julio de 1974. Chile Misionero ha querido ser, desde entonces, un medio de información, de formación misionera y de promover dentro de los chilenos una mayor conciencia misionera universal.

En julio de 2014 se celebraron los 40 años de “Chile Misionero”, en sus manos está la revista número 280. Han pasado 4 décadas, miles de páginas, cientos de dificultades que superar, innumerables testimonios de misioneros, muchos entrevistados, cinco directores nacionales de Obras Misionales Pontificias como sus representantes legales, varios colaboradores de la revista y hasta cinco Papas.

“El espíritu misionero es vital en la Iglesia de hoy” declaraba la editorial de ese primer número por julio de 1974, que respondía a un pequeño boletín de animación misionera que informaba de los dineros recaudados en la colecta del Domingo Universal de Misiones a lo largo del país y noticias misioneras en Chile y el mundo en tiempos en que monseñor Raúl Silva Silva era el director nacional de las OMP.

La flamante publicación fue “declarada” ante la dirección de la Biblioteca Nacional –como debe hacerse por ley con toda publicación impresa que se realiza en Chile–, en agosto de 1974 y se consolida como la revista oficial de esta entidad Pontificia en nuestro país.

Luego, en 1986 y cuando el padre Roberto Espejo era director de las OMP, aparece el primer número de “Chile Misionero como ustedes hoy la identifican, con secciones claramente definidas y como bien lo dijo su director en aquel momento la revista se vestía de “pantalón largo”. El objetivo fue y sigue siendo aún promover en los chilenos una mayor conciencia misionera ad gentes.

En unos años la revista ya tenía su propia identidad, con dos colores al interior y portada a cuatro colores y con una publicación de 10 números al año que presentaba noticias sobre las misiones en el mundo, informaciones sobre la actividad evangelizadora en Chile y testimonios de misioneros chilenos en otros continentes. Con estas características, “Chile Misionero” se consolidó como la única revista en Chile que aborda principalmente el tema misionero. Se hizo una gran promoción de la revista en las parroquias al final de las misas del domingo y se llegó a tener más de tres mil suscriptores.

Luego de asumir como director nacional de Obras Misionales en 1993, el padre Francisco Javier de la Jara, svd, realizó junto a profesionales del ramo un trabajo muy acucioso de manera que Chile Misionero pudiera competir entre otras publicaciones instalándola en kioscos y consultas médicas. “las personas llamaban para suscribirse o para colaborar con aportes anónimos en favor de las misiones” recuerda.

Frente a las autoridades máximas de las OMP en Roma, el padre de la Jara siempre defendió la publicación de Chile Misionero ya que desde su punto de vista “resultaba muy difícil realizar una acción misionera física en un país de más de 4.000 kilómetros de largo, por eso para nosotros es fundamental la existencia de la revista, para hacer presencia periódica y constante, que dieran ganas de recibirla y leerla”, enfatiza el ex director.

La revista Chile Misionero se fue transformando así en un medio de opinión cuyo propósito era generar ruido, acción y reacción en la gente y se convirtió en las manos, en los pies y en el alma de las OMP, que tienen como finalidad principal promover la acción misionera, siendo su instrumento principal las revistas “Chile Misionero” y en su interior “Pablito Misionero” separata que está dirigida a los niños y que ha contribuido grandemente al despertar misionero en las familias y en la Iglesia en Chile.

Frutos necesarios para nuestra Iglesia

Fuimos en busca de Monseñor Jorge Vega, Obispo Prelado de Illapel, Director Nacional de OMP entre los años 2003 al 2010 y actual Presidente de la Comisión Nacional de Misiones (CEMIS) de misiones para ver qué podía contarnos acerca de Chile Misionero, revista de la que también él fue su director.

-Monseñor, ¿desde cuándo tiene conocimiento de la revista Chile Misionero?

Mi primer contacto con las Obras Misionales Pontificias si mal no recuerdo fue en Agosto de 1976. En ese tiempo estaba discerniendo mi vocación y fui invitado a las OMP para ayudar a organizar y preparar el Domingo Universal de Misiones. Era director Nacional de las OMP Mons. Raúl Silva Silva. Recuerdo que en una de las reuniones se nos entregó un boletín con noticias misioneras y estaba impreso con el sistema de stencil. Ese era Chile Misionero de aquel entonces. Luego a inicios de los años 80 estudiando teología en Argentina comencé a recibir Chile Misionero con un formato de revista, solo la tapa era a colores, formato que se ha ido enriqueciendo en el tiempo y se mantiene hasta la actualidad.

 

-Siendo misionero en Angola – África, ¿qué significaba para usted recibir nuestra revista?

Era una alegría recibir con frecuencia “Chile Misionero”, pues por un lado recibía noticias de mi tierra y por otro me informaba sobre los otros misioneros chilenos que se encontraban como yo buscando ser testigos del Evangelio de Jesús en alguna parte del mundo. Era un instrumento de comunión con ellos y con quienes rezaban por nosotros en Chile.

 

-Siendo Director Nacional de OMP vivió momentos muy difíciles de cara a órdenes superiores de terminar con esta revista, ¿por qué luchó tanto para que ella siguiera editándose?

Recuerdo que siendo Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias, en uno de los viajes a Roma para participar en la Asamblea General de las OMP, uno de los Secretarios Generales me pidió  que conversásemos. En esa conversación me pidió que cerrara la Revista Chile Misionero. Su argumento era que tanto su preparación como la impresión implicaban costos altos. Me negué a ese pedido. En los años siguientes me volvió a pedir lo mismo, pero con más insistencia. Tuve un par de años con un tira y afloja un poco complicado. El principal motivo por el cual me enfrenté al Secretario General de esa Obra Pontificia (Propagación de la Fe) para no cerrar la revista, era el hecho que en Chile no había otra revista misionera. Las que antes existían se habían cerrado por problemas económicos y la Iglesia que peregrina en nuestro país, por sus características propias necesita una revista de animación e información misionera que llegue a todos los rincones de Chile.

 

-Hoy estamos bombardeados por los medios digitales, a su juicio, ¿se justifica la existencia de una revista misionera en Chile?

Por experiencia sé que sacar a luz cada número de la Revista implica un trabajo arduo, un trabajo que se duplica por estar en un formato impreso. Si fuese sólo en un formato digital, imagino que los costos serían menores. Pero aunque no lo creamos, al formato digital sólo tienen acceso un mínimo de personas. En las zonas rurales y también muchas personas en nuestros barrios, no tienen acceso a internet, por lo mismo el soporte impreso de la revista es aún muy necesario en nuestro país.  En mi tiempo de director y sé también que de mis antecesores, existen muchas personas que se han comprometido en cuerpo y alma por las misiones y en ello influyó “Chile Misionero”, también sabemos de sacerdotes y religiosas que han partido como misioneros ad gentes, porque los testimonios que se muestras a través de las páginas de esta revista les han motivado a seguir adelante, y también de tantos niños que en su momento recibieron “Pablito Misionero” y hoy son religiosas, sacerdotes, o grandes padres de familias misioneras.

 

-Monseñor, ¿qué significado tiene para usted hoy la presencia de “Chile Misionero” en nuestra Iglesia?

Sigo creyendo que aún están vigentes los argumentos que me llevaron a no cerrarla cuando me lo solicitaron, es la única revista de animación y formación misionera que tenemos en Chile, por lo mismo debemos protegerla y defenderla con fuerza. Además creo que es una de las pocas revistas que como Iglesia en Chile debemos apoyar y promover. Esto porque es una publicación oficial de una institución Pontificia, y por eso, en estos “40 años de vida de Chile Misionero”, les deseo a todos quienes hoy hacen realidad esta publicación todo tipo de bendiciones por el esfuerzo que realizan para que esta revista vea la luz periódicamente.

 

Chile Misionero en estos 40 años, de vida sin lugar a dudas ha dado frutos que se han visto y se siguen viendo hasta el día de hoy, y si bien es cierto se siguen haciendo grandes esfuerzos para sacar sus publicaciones, el Espíritu Santo es su principal protector tocando muchos corazones para seguir de “pantalones largos” y llegar gratuitamente a todas las parroquias de nuestro país porque es la única revista misionera que va con sus páginas más allá de nuestras fronteras con su único y gran objetivo de hacer de la Iglesia Chilena una Iglesia más misionera.

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